Una futura misión planetaria puede encontrarse demasiado lejos de la Tierra para esperar instrucciones a cada paso. NASA está ensayando una alternativa: que varios robots compartan información, evalúen riesgos y decidan entre ellos cuál debe investigar cada objetivo.
Durante unas pruebas realizadas este verano en Virginia, el sistema ASTRA coordinó un dron y dos rovers. El primero localizaba zonas de interés desde el aire; uno de los vehículos cartografiaba el terreno mediante lidar y el otro podía recoger muestras con un brazo robótico.
La novedad no consiste solo en repartir tareas. Cuando aparecía un objetivo inesperado, el sistema comparaba su interés científico con los riesgos, la distancia y las prioridades fijadas por los investigadores antes de decidir si debía enviar otro robot a examinarlo.
La autonomía cambia así de escala. Ya no se trata únicamente de que una máquina evite una piedra o elija una ruta: el objetivo es que una pequeña expedición robótica pueda comportarse, dentro de ciertos límites, como un equipo científico sobre el terreno.